Home / Actualidad / Te interesa / Entrevistas / “Es urgente la reforma bancaria, va el futuro de Europa en ello y de las empresas y hogares”

Eva Contreras. El Economista
La Comisión Europea acaba de presentar un informe estratégico para reforzar la competitividad del sector bancario que servirá de base para una amplia reforma legislativa a partir de 2027. María Abascal se ha fajado en defender en todas las instancias y foros la necesidad de fortalecer a las entidades desde su doble responsabilidad en la Asociación Española de Banca (AEB) y la presidencia del Comité Ejecutivo de la Federación Bancaria Europea, donde se fijan las prioridades estratégicas para un sector que agrupa a más de 3.000 entidades. Considera que las propuestas avanzan en la dirección adecuada, especialmente en aspectos como atajar la fragmentación del mercado financiero y la simplificación regulatoria y supervisora, aunque echa en falta mayor ambición en ámbitos como el fondo único de garantía. Y, sobre todo, lanza un mensaje clave: insta a líderes políticos y legisladores a acelerar los cambios normativos porque condicionan la capacidad de Europa para financiar su agenda reformista.
¿Por qué es tan importante mejorar la competitividad de una banca que hoy presenta resultados históricos y una fuerte revalorización en bolsa?
Es importantísimo, sobre todo mirando al futuro. La reflexión a la que llega Europa es que el orden económico internacional ha cambiado, como ha dicho la Comisaria -Maria Luís Albuquerque, comisaria de Finanzas de la UE-, y tenemos unas ingentes necesidades de financiación en este nuevo orden económico internacional. Esas necesidades las actualizamos desde la Federación Bancaria Europea con Oliver Wyman y suponen ya 1,4 billones de euros al año para financiar todos los sectores estratégicos como defensa, transición energética, seguridad energética, digitalización, reconstrucción de capacidades industriales… Entonces, es urgente acometer estas reformas para que Europa pueda crecer y realizar las inversiones que tantas empresas y sectores necesitan.
¿La Comisión Europea ha sido suficientemente ambiciosa con sus propuestas?
Es un hito muy importante. Creo que es la propuesta de reformas regulatorias y supervisoras más relevante desde 2008, desde que se empezaron a implantar todos los nuevos marcos normativos. La Comisión destaca la importancia de contar con un sector bancario rentable para tener un crecimiento sostenible porque, sin bancos rentables, saneados y bien capitalizados, no es posible que el crédito fluya adecuadamente. La reforma es ambiciosa porque incorpora la inmensa mayoría de las sugerencias y reivindicaciones de la industria y las estructura en tres pilares que creo que están bien recogidos: reforzar la integración y la escala de los bancos europeos, con mención específica a profundizar en la Unión Bancaria; aplicar los estándares internacionales teniendo en cuenta las especificidades de Europa y con mayor proporcionalidad; y simplificar tanto la regulación como la supervisión.
Y quizá una de las cuestiones más relevantes sea el cambio cultural que plantea la comisaria a la hora de abordar las cuestiones normativas. Habla de cambiar el chip, el mindset, y pensar en simplificar siempre, por supuesto, sin poner en peligro la estabilidad financiera. Hay un claro reconocimiento de que el marco regulatorio europeo se había complicado en exceso y esto generaba 24.000 millones en costes de compliance y demás para los bancos, que es pérdida de competitividad. Hace ese llamamiento de cambio cultural a las autoridades, a los políticos y también a los propios bancos.
¿Dónde cree que se queda corto?
Le damos la bienvenida y es muy importante que se reafirme la necesidad de fortalecer la integración, el mercado único y completar la Unión Bancaria, pero se descarta o retira la propuesta de EDIS de 2015 (el fondo de garantía común) y dice que se trabaja en un mecanismo revisado de fondo de garantía a nivel de la Unión Bancaria que queda un poco más difuso. Esto es importantísimo. Quizá en tiempos de paz nadie valore demasiado las bondades de contar con un mecanismo único de garantía de depósitos a nivel europeo, pero lo que vimos en 2012 es que esto es fundamental porque, si nos creemos que tenemos una Unión Bancaria, es decir, una jurisdicción única y un mercado único, los depósitos de todos los ciudadanos de los Estados miembros deberían contar con exactamente el mismo nivel de protección. Y esto ayuda además a romper el vínculo entre riesgo soberano y riesgo bancario. Creo que las medidas que se plantean ahora son buenas porque se abordan como un todo: ver cómo se completa ese mecanismo de fondos de garantía de depósitos único, cómo gestionar mejor el capital y la liquidez dentro de esa jurisdicción única, está también la parte de la deuda soberana y la liquidez en resolución… Es decir, es un conjunto de mecanismos, es una conversación complicada, pero es el momento de tenerla, precisamente, porque las cosas están bien, los fondos ya están dotados. Veremos a ver cómo se concreta el paquete legislativo.
¿Ese enfoque conjunto podría desbloquear el freno político al EDIs?
Como te decía esto hay que verlo como un todo. Posiblemente, de forma aislada, es una medida que no va a tener mucha bienvenida, pero en el marco de una conversación más amplia como es completar, de verdad, la Unión Bancaria, y avanzando, por ejemplo, en esos waivers de capital y de liquidez que den a los países host -donde el banco desarrolla su actividad a través de una filial o sucursal- la certeza de que si vienen mal dadas van a contar con una red de seguridad en la Unión Bancaria, pues son compromisos y, sin duda, merece la pena tener la conversación.
Ustedes estimaban que, aplicando todas las medidas que proponía el sector, podrían movilizarse dos billones de euros adicionales en financiación en Europa y 250.000 millones en España. ¿Hasta dónde permitirán llegar las reformas anunciadas?
Sabemos que las propuestas legislativas llegarán previsiblemente en marzo de 2027 y después comenzará toda la negociación. Lo importante es que cuando estas medidas se vayan desplegando la banca Europea, y la española, podrá ir aceptando más riesgo y financiar esos proyectos estratégicos que, normalmente son además más arriesgados: en defensa, en seguridad energética, en construcción de centros de datos, en computación cuántica… A mí, a veces me preguntan ¿y si no lo hacemos, qué pasa? Significa privar de una financiación a reformas que son muy importantes que se hagan: Podrías no hacerlo, pero va a tener un coste en términos de crecimiento, de productividad, en términos de relevancia y posiblemente de seguridad, si me apuras, de tu cadena de suministros. Es ahora o nunca, es importantísimo que esto se quede hecho en esta legislatura.
Han insistido en la urgencia, no sé si los tiempos legislativos son excesivamente laxos y hay que acortarlos… Sí, es uno de los principales retos. La Comisión prevé presentar las medidas en el primer trimestre de 2027 y aspira a tenerlo aprobado en el año. Nos parece poco realista, y creo que deberíamos, precisamente, llamar a la urgencia a nuestros líderes tanto a los gobiernos en el Consejo Europeo como a nuestros representantes en el Parlamento para que agilicen las negociaciones porque va el futuro de Europa en ello, el futuro de las empresas y de los hogares.
Como bien ha dicho la comisaria, esto no es por la banca; es por la fortaleza y por la competitividad de la economía europea.
La Comisión se ha reivindicado como la autoridad que debe velar por la competencia frente a la demanda del sector de que se dé este mandato también a los supervisores ¿por qué es mejor que lo tengan los supervisores?
No es que queramos quitar a la Comisión la competitividad, lo que decimos es que es importante que se produzca ese cambio de mirada, ese cambio cultural, y que los supervisores y reguladores, cuando adopten decisiones, incorporen en su análisis el impacto en la competitividad junto al de la estabilidad financiera. Quizá uno de los elementos más relevantes del informe es que la Comisión que deja claro la importancia de hacerlo así.
¿Queda bien resuelto con las propuestas de Bruselas de mandatar a la Autoridad Bancaria Europea (EBA) y a la Junta de Resolución Única realizar análisis regulares de la normativa y mejorar la coordinación entre las autoridades?
Nos gustaría más que hubiera ese mandato secundario de competitividad, pero eso ayuda. Va en la dirección correcta porque en esos informes se va a analizar si el nivel de capital del sistema ha sido el adecuado. Esto fuerza una discusión de si las decisiones han sido acertadas o no y si dan los resultados que queríamos, refuerza la accountability (rendición de cuentas) en el proceso de toma de decisiones por parte de los distintos reguladores y supervisores.
Bruselas apuesta por eliminar divergencias regulatorias nacionales, pero desde el sector han puesto foco en que también las hay en Europa ¿cuáles son las más gravosas frente a otras jurisdicciones como EEUU?
Hay ejemplos claros de gold plating nacional y europeo. En Europa dos ejemplos muy ilustrativos es el systemic risk buffer, que no existe en Basilea, y también un backstop para los NPLs (préstamos dudosos) que, además, el supervisor endurece todavía más. Estamos pidiendo que se elimine. A nivel nacional, aunque exista un single rulebook, persisten diferencias en protección de datos, insolvencias o fiscalidad que impiden ofrecer los mismos productos en todos los países y frenan la integración.
¿Cuánto cuesta la dispersión normativa?
Hay un estimación del Fondo Monetario Internacional que cuantifica esas fricciones y esas barreras en el mercado único –el organismo asegura que su coste equivale a un arancel del 44%-45% para los bienes y de alrededor del 110% para los servicios, lo que limita la integración económica y la capacidad de las empresas para crecer-.
¿Las propuestas sobre los ratios de capital son suficientemente ambiciosas o no “decapan” de forma suficiente la solvencia adicional que tiene un banco por ser europeo frente a otros mercados?
Es una buena noticia que se simplifique el marco macroprudencial. Se propone la fusión del systemic risk buffer con el countercyclical buffer (colchón sistémico y anticíclico) y que la supervisión sean más eficiente y vaya más a riesgos materiales y que, por tanto, se haga de forma un poco más proporcional. No cabe esperar de ello que haya una reducción del capital exigido, pero va en la buena dirección en el sentido de ordenar y quitar esa complejidad.
La Comisión Europea también pone deberes a los bancos: que no pidan tantas aclaraciones que acaban traduciéndose en costes o recargos… ¿cómo pueden asumir esa corresponsabilidad?
Es muy importante que ese cambio cultural empiece a rodar. Venimos de 20 años donde solo hemos ido en la dirección de endurecer y de más regulación. De mejoras continuas en la banca que no se traducían en una reducción de capital. Que nos hayamos ido a la búsqueda de ese “riesgo cero” lo único que ha hecho es desplazar el riesgo hacia otros agentes y sectores que, por supuesto, ni están igual de regulados ni de supervisados, cuando el que está mejor.